Si la existencia de monarquías es anacrónica en esta época, el deseo de algunos royals que continúan usando sus títulos sin esperanza de ser monarcas es aún más insólito. Aquí te presentamos a los pretendientes más famosos de reinos que, muy probablemente, no volverán a existir, aunque ellos tengan lazos de sangre con casas reales reinantes.
Reyes sin trono: monarquías abolidas
Grecia
Pablo, príncipe de Grecia y Dinamarca, nació en 1967, el año en que, por enésima ocasión, la monarquía fue rechazada en el país. Su familia se estableció en Londres, donde él ha hecho parte de su vida, incluida su boda con la millonaria Marie-Chantal Miller, con quien tiene cinco hijos. Fundó Ortelius Capital Partners en 2002, un grupo de inversión. Recientemente, los familiares del difunto rey Constantino (que murió el año pasado), firmaron una declaración aceptando el gobierno republicano. Tras el convenio, adquirieron documentos de identidad oficial, pasaportes y un nuevo apellido: “de Greece”.
Francia
El primer país que abolió las monarquías dispone de tres pretendientes que descienden del famoso rey Luis XIV:
- Luis Alfonso de Borbón. Los ‘legitimistas’ que buscan restaurar el trono borbón llaman Luis XX a este banquero español de 44 años que se autonombró duque de Anjou y es bisnieto por línea materna del dictador Franco.
- Jean-Christophe Napoleón. El último emperador francés, su tío tatarabuelo, fundó esta casa advenediza, pero su mamá desciende de los Borbón. A sus 35 años es un banquero cuyo padre cambió el apellido de Bonaparte a Napoleón por una “costumbre familiar” del siglo XIX.
- Jean d’Orléans: Los ‘monárquicos’ apoyan a este filósofo que en septiembre pasado se mudó del Dominio Real de Dreux (que fue de su familia), porque se negó a pagar renta cuando la fundación que lo administra le dijo que era ilegal que viviera en él gratis.
Italia
Emanuele Filiberto es una celebridad y nieto del último rey italiano. Aunque no tiene corona ya tiene heredera, Vittoria, su hija mayor. Y es que Vittorio Emanuele, su padre, cambió las leyes de la casa que lo impedían. Los Saboya dicen que lo hicieron en pos de la igualdad de género, pero los Aosta (otros pretendientes) aseguran que eso es ilegítimo.
Alemania
Más que tronos, Jorge Federico de Prusia, tataranieto del último káiser, reclama al gobierno la devolución de propiedades y bienes decomisados a lo largo de décadas. Esto inició en 1919, cuando se le acusó de ser artífice de la Primera Guerra Mundial. Si lo logra, el actual jefe de la casa Hohenzollern tendrá para vivir como el rey que no es.
Rusia
La gran duquesa María Vladímirovna Románova es tataranieta de Alejandro II y, por tanto, está emparentada con Nicolás II, el último zar. Desea restaurar la monarquía, tiene una oficina, se ve como “emperatriz de todas las Rusias” y, cuando viaja a allá, la reciben sus partidarios. Jorge Mijáilovich, su único hijo, tiene el título de zarévich, por supuesto.
Irán
El hijo mayor del último sah llamó a la desobediencia civil hace unos meses para derrocar la dictadura religiosa de los ayatolás en su país. Reza Ciro Pahlaví dijo que no pretende cargos, pero que no tiene problema si “la gente insiste en decir que necesita un líder simbólico… que suele ser lo que los monarcas constitucionales representan”.
Las monarquías pueden desaparecer, pero su legado perdura. Los reyes y reinas que un día gobernaron con poder absoluto ahora son parte de la historia. Sus vidas, sus decisiones y sus acciones continúan moldeando nuestro mundo. Al estudiar estas dinastías extintas, podemos aprender de sus éxitos y fracasos, y apreciar la complejidad de las sociedades humanas.